Himno Nº 350

El Cordero Inmolado

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Hoy día que soy cristiano se goza mi corazón; por la obra tan gloriosa que hizo mi Salvador. Ese cuerpo tan perfecto a la cruz tuvo que ir; mi pecado fue la causa que tuviese que morir.

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Hoy me siento tan contento, se lo debo al Salvador; esa alegría tan inmensa, que me inunda el corazón. Porque hoy día soy salvado por la muerte de Jesús; redimido con la sangre derramada en la cruz.

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Muchos fueron los azotes que el verdugo descargó sobre el cuerpo que llevaba el madero de la cruz. Ese precio tan inmenso que pagó mi Salvador, fue un rescate tan bendito, que libertó al pecador.

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De ese cuerpo sacrosanto el verdugo se ensañó; y con esos crueles clavos, pies y manos traspasó. Por sus labios ni una queja contra nadie se le oyó; en el silencio de ese justo mi pobre alma se salvó.

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Por fin sus labios se movieron con ternura sin igual, implorando al padre eterno el perdón por ese mal. La obra quedó perfecta por eso, a mí me salvó. Hoy soy limpio por su sangre, ¡Qué Alegría, Gloria a Dios!